La vida no se compone de esas cosas. Me niego a creer necesaria la lucha, la búsqueda constante por la satisfacción del ego. Me resisto a admitir que una vida enfocada a las propias necesidades, querencias y calamidades, en las que el campo de visión sólo permite dislumbrar con ejemplar nitidez la hendidura del ombligo, es una vida bien encaminada. El egoismo y el hombre.. la historia de siempre multiplicando los relatos. El generoso pozo sin fondo que a todos nos tiene algo reservado acecha cada conversación, cada subtexto… no hay más que leer entre líneas para que se haga notar con esa soberbia que le es propia, con ese impulso de mueca sonora y resabiada.. su palpito resuena en la retina del heroe, desprende arrogancia condescendiente… y es la primera en caer al fango cuando las cartas juegan en su contra una mala pasada.
La otra vida, esa vida que mira lo que realmente tiene en frente, que no se pierde en el bosque sino que se detiene sabiendo que su espera le hará más libre, es la que busca la gente que aparta su mirada del péndulo que nos envuelve. Hay otra vida ahí enfrente, la verdadera vida, no la que nos han hecho creer que existe.. la verdadera, la que encauza su destino hacia la tierra y la muerte.

