- Tienes un cigarro?
Echando mano del medio bolsillo de mi camisa a cuadros saqué el penúltimo fósforo que me quedaba en la cajetilla. La había comprado en Fez. No suelo fumar, sólo cuando viajo. Antes que hubiera acercado la llama a sus labios, y por primera vez, la había mirado. Y ahí empezó todo. Lo recuerdo perfectamente. El problema está en los ojos, las figuras no son nada. Un rostro desdibujado, una persona más, un número, no significa nada sin esa luz que escudriña las esencias. Me miró y me vi desde el vagón siguiente. Apenas podía separar la vista de su mente, comenzaba a existir más que nunca.
-Vas para Sol?
Y me bajé con ella yo que iba a Villaverde. Aquella noche mi madre dormiría una hora menos.
Y ahora qué? – Espetó en el portal de su casa hasta donde la había acompañado simulando dirigir mis pasos hacia algún lugar interesante. Decidí disparar manteniendo las pupilas conectadas a las suyas 10 segundos, mi primera eternidad. Seguro, increíblemente seguro de estar interpretando el papel de mi vida. Y temblando. Por suerte nunca se me dio bien exteriorizar mis sentimientos y de aquel tembleque interno no sobresalía una gota.
Habíamos estado banalizando nuestras almas, maquillando cualquier mezquindad sobrevenida y espontanea. La caminata no había sido breve y tuvimos tiempo de ofrecer una cata o ensayo de esa inminente declaración de intenciones a la que estaría obligado a concluir una vez hubiera salido de su vientre y por sus labios todo aquel chorro de expectativas. Terminar para seguir en la pantalla siguiente, para comenzar por vez primera, para escoger entre la anécdota y la historia.
Los comienzos lo son absolutamente todo. Uno cree que se prepara para algo que vendrá después de que pasen todos esos malos tragos y te encuentres en pelotas con el otro sin ruborizarte en demasía. Uno piensa que es un paso a lo que busca, un suculento trámite en el que el suspense no deja pensar y sólo somos capaces de imaginar a esa figura plagada de ojos tal y como ya la habíamos inventado. No reparamos en que estamos construyendo el hogar en el mantendremos todas las futuras situaciones. Pieza a pieza, escalón a escalón, definiéndonos con todos los nombres. Follar, amar, reirnos o llorar al comienzo de mil meteduras de pata, será tal y como previamente, de improviso, hayamos acordado allá donde se fragua todo.
Yo le gustaba, lo sabía.
- Paso a por ti a las doce?
Pero eso ya es otra historia.

